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Jinotega, Ciudad de Las Brumas

Mi Viaje por Jinotega

VIVIR EN JINOTEGA ES UN LUJO

No todo el oro está bajo la tierra. En Jinotega también crece en la superficie.

Quizás suene extraño, pero eso pensé mientras observaba los enormes cultivos que cubren las montañas. Repollo, zanahoria, remolacha, tomate y lechuga se extienden hasta donde alcanza la vista. Y aunque no soy experta en agricultura, está claro que quien trabaja esta tierra encuentra su recompensa.

Ahora te pregunto algo: ¿has visitado Jinotega?

Porque a veces vivimos tan ocupados que conocemos mejor el camino al trabajo que los rincones de Nicaragua. Y eso es una lástima, porque este departamento tiene el poder de sorprenderte desde el primer momento, comenzando por ese clima fresco que muchos en el Pacífico desearían llevarse para su casa.

Sin darle muchas vueltas al asunto, una de mis primeras recomendaciones es visitar la comunidad Las Cureñas. Allí encontrarás la famosa cerámica negra, una artesanía tan elegante como auténtica. Hay piezas para decorar cualquier espacio, desde una gran sala hasta ese rinconcito especial de la casa donde siempre terminan las cosas bonitas.

Y si el destino es Jinotega, el camino también merece protagonismo.

Mientras avanzas por la carretera de San Payo, los paisajes hacen que el viaje se sienta más corto. Las montañas verdes, los cultivos perfectamente alineados y el aire fresco convierten el recorrido en un espectáculo que se disfruta sin prisa.

Al llegar a la ciudad, es imposible no notar la presencia de Peña La Cruz.

Desde abajo parece estar vigilando todo el casco urbano. Lo mejor es que ahora el acceso es mucho más cómodo, así que no hay excusas para no subir. Una vez en la cima, entenderás por qué tantos visitantes llegan hasta aquí: la vista es simplemente espectacular.

De regreso a la ciudad puedes tener la suerte de encontrar alguna feria en los parques. Ahí se reúnen productores locales para ofrecer verduras frescas, comidas típicas y una muestra del talento y esfuerzo de los jinoteganos.

Pero si eres de los que nunca se cansan de contemplar paisajes, todavía queda una parada obligatoria.

El mirador Entre Brumas y Montañas.

Solo el nombre ya invita a quedarse.

Desde allí puedes admirar el atardecer, la ciudad y los cerros que abrazan el paisaje. Además, sirven un chocolate que merece una visita por sí solo. También probé una tarta de zanahoria y otra de banano… y mejor cambio de tema porque me está dando hambre otra vez.

La purita verdad es que un día no es suficiente para conocer Jinotega.

Podrás visitar algunos lugares, tomar fotografías y disfrutar del clima, pero para descubrirlo de verdad necesitarás más tiempo. Y eso no es una queja, es una excelente excusa para regresar.

Así que si quieres premiarte por una meta cumplida, desconectarte del estrés o simplemente regalarte un respiro, haz turismo en Jinotega.

Porque viajar no siempre significa ir lejos.

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A veces significa encontrarte con un lugar que te recuerda lo bonito que es hacer una pausa.

Y si alguna vez sientes que la rutina te está ganando la batalla, date un regalo: escápate a Jinotega.

Tal vez regreses con muchas fotografías.

Pero estoy casi segura de que volverás con algo mucho más valioso: la sensación de haber estado exactamente donde necesitabas estar.

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